| Artículo de Yolanda Llinás para la revista Skipper (nº304).
AQUELLOS NAVEGANTES OCEÁNICOS
Joan Guiu,
el pionero
Eran otros tiempos. Se navegaba en barcos de serie, de eslora más bien limitada y sin las facilidades que las nuevas tecnologías brindan ahora a quienes se aventuran mar adentro. Eran verdaderos navegantes los que, sin más ayuda que una carta de papel, un compás, un lápiz y una goma, un radiogonio o todo lo más un sextante, se apuntaban a participar, en solitario, a dos o con tripulación completa, en alguna de las regatas oceánicas que franceses e ingleses organizaban, rivalizando entre ellos en dureza y competividad.
Un hombre ABIERTO a la EVOLUCIÓN
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"...los trimaranes me están comiendo el coco. Creo que para una próxima transoceánica adoptaría uno de estos artefactos. ¡Cómo andan los malditos!". |
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Desde España asistíamos extasiados
a la carrera de armamento
que ya se había desatado
en los países vecinos, con los primeros
multicascos, praos incluidos, intentando
acortar tiempos. Pero incluso así,
sin dejarse apabullar por la superioridad
numérica ni por la enorme diferencia en
cuanto a equipo y presupuesto, algunos
navegantes españoles dieron muestras
de una gran afición y de un enorme coraje
apuntándose a las más duras regatas
oceánicas, como la Ostar, la Twostar, la
Parmelia, la Whitbread, la Globe, la BOC,
la Mini Transat… A todos ellos queremos
rendir un bien merecido homenaje repasando
sus proezas y recordando lo que,
por aquel entonces, significaba dar el gran
paso de atravesar, en competición, los
océanos.
Un hombre ORGULLOSO de su BARCO
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"...recién llegado de América el "Crisan" podría zarpar de nuevo para otra transatlántica sin cambiarle nada. ¿Cuántos barcos pueden presumir de lo mismo?". |
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Principios difíciles
En estos tiempos se está hablando mucho
de las regatas oceánicas, sin duda debido a
la Barcelona World Race y también a la Volvo
Ocean Race, que en su última edición
partió de Vigo y que el próximo 4 de octubre
tendrá a Alicante como puerto de salida.
Todo ello nos ha llevado a recordar a quienes
fueron pioneros de la navegación oceánica
en España, superando problemas y
dificultades, compensando con su ingenio y
entusiasmo la falta de medios y de cualquier
tipo de ayuda financiera e incluso institucional.
Había que convencer a la familia de que
uno no estaba loco, de que el riesgo no era
tan grande como se temían y de que hacer
realidad un sueño compensaba el tener que
invertir en él gran parte de los ahorros y consumir
todas las vacaciones y hasta los posibles
permisos especiales.
Joan Guiu, un amigo
Soy de una generación que navegaba por
estima y utilizaba el radiogoniometro tan
sólo para corregir los posibles errores.
Una generación en la que era más fácil
navegar de noche, gracias a la luz de los
faros, que de día, ya que desde el mar
toda la costa parece igual.
Una generación para la que el hecho de ir,
llegar y regresar era ya de por sí un reto y
una satisfacción.
Una época en la que tuve la suerte de
conocer marinos de verdad. Gente que
gozaba navegando sin tener en cuenta
en qué dirección o hacia qué lugar.
Tiempos idílicos, o a mí me lo parecen, en
los que no tenías que pelearte para amarrar
y fondeabas donde te daba la gana.
En este marco inolvidable conocí al
patriarca de la navegación en solitario :
Joan Guiu.
Él, con guiños, me educó e inculcó una
manera de navegar. Tal vez entonces,
por mi juventud, no entendí todos sus
mensajes, pero con el tiempo me he
percatado de su innata sapiencia náutica.
En varias ocasiones, en el momento de
tomar la salida, mientras yo estaba
desesperadamente trimando las velas
de mi barco para optimizar su rendimiento,
de reojo lo veía sentado en el balcón
de proa fumándose una pipa.
Al anochecer es probable que le llevara
muchas millas de ventaja, pero en la
regata de la vida iba muy por delante
de mí.
Navegó y vivió fiel a su manera de ser
y yo tuve la suerte de ser su amigo.
¡Gracias, Joan!
Víctor Sagi
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Joan Guiu y Enrique Vidal fueron los primeros en dar el paso, los verdaderos pioneros
al participar en la Ostar de 1976, y a ellos vamos
a dedicar nuestros dos primeros capítulos
de esta corta pero intensa historia de
los inicios de la navegación oceánica de competición
en España. Y empezaremos por
Joan Guiu, a quien lamentablemente no tenemos
a nuestro lado para que nos refresque
la memoria, pero que nos dejó testimonio
escrito de su pasión por el mar.
Un hombre AGRADECIDO
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"...los radioaficionados, raza de seres extraordinarios, son capaces de levantar el ánimo más caído y de recuperar la moral más extraviada". |
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El hombre, el navegante
De Joan Guiu lo que más sorprende
es su habilidad para hacer compatible su afición por
la navegación con la vida familiar
y con su profesión. Padre
de seis hijos y médico a
tiempo completo, pues aquellos
eran años de combinar el
hospital con la consulta privada,
Joan Guiu tenía 49 años y muchas millas de experiencia cuando se
inscribió en la Ostar. Nacido en 1927, heredó
de su abuelo y de su padre su afición
a la navegación, haciendo sus primeras
singladuras en la barca familiar, un velero
de madera de seis metros de eslora llamado “Mercedes”. Su primer barco propio
fue un Pampero al que bautizó con el nombre
de “Saiola”, nombre todavía habitual
en los campos de regata al haberlo retomado
su hijo, Toni Guiu. Del Pampero pasó
al Puma 34 y algo más tarde al Puma 38,
adoptando ya para ellos el nombre de “Crisan”.
Entre el Pampero y el primer Puma,
Joan Guiu utilizó el Siroco APY para participar
en diversas regatas en solitario, como
la Mare Nostrum, cuya primera edición se
celebró en el año 1973 con un recorrido
de ida y vuelta entre Barcelona y Palma de
Mallorca. Ya con el Puma 34 se apuntó, al
año siguiente, a una regata también en solitario
organizada por el navegante francés
Jean Marie Vidal, que suponía partir de la
Grande Motte, virar Mallorca y regresar a
la Grande Motte. Su hijo Toni no recuerda
bien, ya que él era muy joven por aquel
entonces, cómo comenzó el proyecto de
participar en la Ostar en el 76, pero está
convencido de que Alberto Cabal, por
aquel entonces director general de Inerga,
empresa constructora de los famosos
Puma, tuvo bastante que ver al animar
tanto a Joan Guiu como a Enrique Vidal a
participar en esta importante transoceánica
solitaria con sus respectivos Puma, el
38’ “Crisan” y el 34’ “Castañuela”. Lo cierto
es que el esfuerzo para llevar a cabo la regata
fue enorme y Joan tan sólo pudo realizarlo
contando con el total apoyo de su
familia y amigos. Hay que tener en cuenta que participar en la Ostar suponía llevar
el barco hasta Plymouth y, una vez finalizada
la regata, navegar con él de vuelta a
España… y todo ello por aguas en absoluto
pacíficas.
Un hombre AMANTE de la ACCIÓN
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"...comparando con la edición de 1976, la de 1980 ha sido como un paseo por el Parque del Retiro, aunque no faltaron emociones puesto que un chubasco de fuerza 11, que aseguro que asusta mucho, me permitió comprobar que a palo seco el "Crisan", él solito, se aproaba al viento". |
) |
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En el número de “Skipper” correspondiente
a ese año, el propio Joan Guiu declaraba:“Me siento sumamente satisfecho por
la experiencia vivida, por encontrarme entre
navegantes a los que siempre he admirado
y, muy especialmente, por lo que
supone haber estado durante 39 días,
8 horas y 15 minutos a solas con el mar”.
Lo cierto es que la experiencia, a pesar de
su enorme dureza, le resultó tan gratificante
que optó por participar de nuevo en
la siguiente edición, en la de 1980, en esta
ocasión junto a otros dos solitarios españoles,
Víctor Sagi y José Luis Ugarte. En
esta ocasión tuvo que prometer dos cosas
a su esposa, que instalaría una radio
a bordo para evitarle el sufrimiento de pasar
más de un mes sin noticias suyas, y
que compartiría con ella, así como con su
hijo Toni y varios amigos, la travesía de regreso.
Esta nueva experiencia le impulsó
a escribir un largo relato, que fue íntegramente
reproducido en nuestra revista“Skipper” y que supone el mejor testimonio
de la calidad humana del gran navegante
y de la magnífica persona que fue
Joan Guiu, quien, lamentablemente, falleció
el 27 de diciembre de 1991 a la aún
temprana edad de 64 años. Tuvo que ser
un cáncer el que le apartara de su familia
y del mar, aunque no cedió fácilmente ante
tan irremediable mal ya que, aun siendo
conocedor de la gravedad de su enfermedad,
en septiembre de ese mismo fatídico
año participó en la Regata Mare Nostrum
en un acto que todos entendieron
como su despedida de todo aquello que
tan feliz le había hecho durante toda su
vida. Entre los pensamientos que volcó en
el escrito que redactó para “Skipper”, el
propio Joan Guiu definía el dolor de las
despedidas, por lo que nada mejor que sus
propias palabras para expresar todo cuanto
sentimos al recordarle como navegante
admirado y como amigo añorado: “Las
despedidas no deberían existir. Constituyen
un verdadero castigo. Debe de ser por
eso –digo yo– que al cielo todo el mundo
llega pero nadie se va. Si hubiese despedidas
ya no sería el paraíso”.
Mis experiencias con Joan Guiu
Corría el año 1972 o 73 del siglo pasado, no recuerdo bien…, cuando Antonio Begetti nos convocó
a un grupo de amigos con la idea de probar una regata en solitario… ¡a ver qué pasaba!
Así nació la Mare Nostrum y así conocí a Juan Guiu. Y luego se fundó el club irregular de Navegantes
Solitarios con el lema: “Si se siente solo, hágase navegante solitario y verá… ¡nunca están solos!”.
Corrió el tiempo y en diversas cenas por la Barceloneta con Juan cogimos los prismáticos y vimos
en el horizonte de nuestra ilusión una regata que llamaban la Ostar, Transatlántica en Solitario,
de Plymouth (Reino Unido) a Newport, Rhode Island (EE.UU.) y nos dijimos: ¿Por qué no? Pues porque sí.
Y así empezó nuestro proyecto… Juntos preparamos los dos barquitos. Yo me ocupaba de las cartas
y derroteros del Atlántico conectado con el Almirantazgo Inglés, y Juan, claro…, del botiquín.
¡Magnífico, por cierto! Siempre dijo que se ocupó tanto del mío que se olvidó del suyo…
“En casa del herrero…”.
Y llegó la Ostar. Salimos … y llegamos. ¡Muchos lo dudaban! Nosotros a veces también…
Nunca olvidaré a Juan, Caballero de la Mar como pocos he conocido.
¡Buen viento en el cielo…, Doctor!
Enrique Vidal
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Un hombre con SENTIMIENTOS
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"...paso muy cerca de la golondrina desde la que mi mujer y mi hija se despiden de mí. La televisión británica las filma mientras, llorando, me lanzan sus besos. Felizmente no me filman a mí, que también lloro mientras les envío los míos". |
) |
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¿Qué era y qué sigue siendo la Ostar?
Pues nada más y nada menos que atravesar el Atlántico norte en solitario, partiendo de Plymouth,
en la costa sur de Inglaterra, para llegar a Newport,
al este de los Estados Unidos, más concretamente
en Rhode Island. Ello representa navegar contra
el viento y las corrientes, con el riesgo de toparse
con algún que otro iceberg. La primera edición
de esta famosa y dura regata tuvo lugar en el
año 1959 a instancias del mítico navegante británico
Blondie Master, quien convenció al comodoro
del Royal Western Yacht Club, que por aquel
entonces era nada menos que Sir Winston Churchill,
para que la organizara. En ella participaron
cinco atrevidos navegantes, y cuarenta días después
de darse la salida el ya legendario Sir Francis
Chichester cruzaba, a bordo de su “Gipsy Moth II”,
la línea de llegada, adelantándose así a sus cuatro
competidores quienes, no obstante, llegaron
todos sanos y salvos. El último en arribar, el francés
Jean Lacombe, invirtió 76 días en completar
el recorrido…, lo que habla por sí solo de la dureza
del recorrido, de las prestaciones de los barcos
de entonces y de la dificultad de navegar sin los
medios actuales, o sea, sin piloto automático, sin
radio, sin GPS, sin enrollador… A partir de entonces,
la Ostar se ha ido celebrando cada cuatro años,
con la edición de 2009 prevista para el 25 de mayo.
En www.rwyc.org podemos comprobar que los primeros
nombres españoles aparecen en las clasificaciones
de la edición de 1976: Joan Guiu, clasificado
en 48ª posición de la general (de 126 inscritos)
y 13º en su clase, y Enrique Vidal, 54º en la
general y 37º de su grupo. Cabe destacar que ese
año hubo que lamentar dos skippers desaparecidos,
cuatro barcos hundidos entre un total de
53 abandonos. La victoria del francés Eric Tabarly
con su “Pen Duick VI” de 73 pies de eslora fue muy
sonada, como también lo fue la presencia del gigantesco
236’ “Club Mediterranée” del más tarde
desaparecido en el mar Alain Colas.
Cuatro años más tarde, en 1980, fueron tres los participantes
españoles, logrando Víctor Sagi, con su
Swan 48 “Garuda”, un excelente resultado al quedar
clasificado 22º en la general y 12º en su clase,
con un tiempo de 25d 08h 23m, y algunos puestos
más atrás José Luis Ugarte que, con su North Wind,
finalizó 52º y 31º, y de Joan Guiu, que en su segunda
participación en la Ostar rebajó su tiempo en casi
un día respecto a la anterior edición, completando
la travesía en 38d 14h 33m.
Lamentable, y diría que incomprensiblemente, no
ha habido más participación española en esta regata,
considerada por muchos como la reina de las
transoceánicas en solitario. Resulta a su vez curioso,
y da que pensar, que de los cientos de inscritos
de las ediciones que hemos comentado se
haya pasado a tan sólo una veintena de participantes
en el año 2005. ¿Será porque, tal como denunciaba
Joan Guiu ya por aquel entonces, la carrera
de armamento, la presión del patrocinio, la
profesionalización de los skippers, ha acabado con
la ilusión, con la afición, con la verdadera pasión
por el mar y la navegación?
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